Como todos los veranos los amigos se vuelven a juntar en el paraíso al que muy pocas personas logran llegar, a pesar de la cercanía con la capital. En esa época, los caminos de tierra, hacían difícil el tránsito de vehículos para llegar al ingenio, y no muchos poseían la fortuna de contar con automóvil. Y ahí están los jóvenes nuevamente, un verano más en la década de los 60. Llenos de energía, sueños y sedientos de adrenalina.